Anatomía de un desastre

Alessandro Zagato

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“Con la retirada de escombros quieren desarticular la solidaridad popular”: Las secuelas del terremoto en Ciudad de México

Traducido por: Inez Roig Vega

El terremoto que azotó a Ciudad de México (y otras regiones) el 19 de septiembre no fue tan fuerte como el que tuvo lugar el mismo día en el año 1985, pero ha sido el más devastador que la ciudad ha visto desde entonces. Con una cifra oficial de hasta 369 muertes y con miles de personas aun durmiendo en su vehículo o en alguno de los albergues de emergencia erigidos a lo largo de la ciudad, la movilización popular que siguió al temblor continúa creciendo y evolucionando.

De manera sistemática, los jóvenes han transformado sus espacios de ocio en focos de solidaridad. Han organizado la recolección y distribución de bienes de las áreas afectadas. Algunos están ofreciendo apoyo psicológico gratuito. Muchos están abriendo las puertas de sus propias casas a los desplazados.

Inmediatamente después del terremoto, muchos voluntarios a lo largo y ancho de la ciudad han trabajado juntos retirando escombros en busca de supervivientes. Los vecinos siguen proporcionándose bienes básicos entre ellos. Los ciclistas van de un sitio a otro llevando mensajes y provisiones; y los restaurantes están donando comida y ofreciendo acceso a Internet. Camiones llenos de carpinteros y trabajadores siguen llegando a las zonas afectadas.

Desde el primer día, la gente corriente ha tomado espontáneamente el control de la situación. “Después de que aquel edificio se derrumbase, los vecinos se juntaron y comenzaron a retirar los restos pieza a pieza. También nos organizamos para traer agua, comida, mantas y cualquier otra cosa que hiciera falta” explica un residente.

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Photo by Francisco Lion

A su vez, el ejército ha ido tomando posición poco a poco, forzando a los civiles a retroceder. La primera noche, varias unidades militares fuertemente armadas se alinearon para rodear un conjunto de edificios derrumbados, impidiendo que la gente se acercara. “Ahora nosotros estamos al mando” declararon. Los políticos, los funcionarios públicos y los agentes de policía están tratando de tomar el control de la situación – pero la resistencia popular es firme.

“¿Por qué tienen que forzar a irse a los que llegaron primero y pasaron toda la noche trabajando como voluntarios?” pregunta un voluntario. “¿Dónde estaba usted antes?” le pregunta un hombre joven a un policía que le está apartando.

En la radio las autoridades han pedido a la gente que no se involucre y que, en cambio, deje las iniciativas de socorro al personal autorizado. Graco Ramírez, miembro del partido en el poder PRI y gobernador de Morelos, ha sido blanco de las críticas al haber puesto fin a las operaciones de rescate” tan sólo veinticuatro horas después del terremoto. Normalmente, las operaciones de búsqueda y rescate se prolongan hasta un mínimo de tres días después de un desastre de estas magnitudes.

La respuesta del ejército y del gobierno sólo aumenta la sospecha de que su objetivo es desarticular la movilización popular para impedir la posibilidad de que las condiciones actuales lleven a un movimiento popular masivo como el que siguió al terremoto de 1985.

Incluso la decisión de las autoridades de usar maquinaria pesada de excavación es polémica. “Aquellos que fingen darnos órdenes no tienen la menor idea de lo que están haciendo” es una opinión compartida por muchos topos, los afamados voluntarios que dirigieron el rescate en 1985. “El ejército está empleando máquinas pesadas para acelerar el proceso, pero se niegan a colaborar con nosotros en las operaciones de rescate, porque esa no es su prioridad”.

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Photo by Francisco Lion

Los topos recomiendan una estrategia que les permitió rescatar a gente durante 15 días después del terremoto de 1985. Consiste en abrir brechas a través de los restos de los edificios, haciendo uso de estructuras que han quedado intactas, como conductos de ascensores o muros de carga. Ello permite a los rescatadores llegar a áreas donde aún puede haber gente con vida. “Las máquinas pesadas podrían matarlos” alertan los topos.

Además, debería llevarse a cabo una investigación seria para determinar las causas y responsabilidades antes de que tenga lugar la demolición de edificios derrumbados. Hashtags como #RescatePrimero y #NoMaquinaria están ganando relevancia en las redes sociales del momento.

Los principales medios de comunicación están tratando de imponer una narrativa artificial y abiertamente ideológica que con frecuencia sólo tiene una relación vaga con los hechos. Un ejemplo ilustrativo es la cobertura de la tragedia que asoló al Colegio Enrique Rébsamen, donde murieron 21 niños y 4 adultos. La mañana del 20 de septiembre, Televisa (una cadena de televisión nacional) comenzó a difundir la ilusión de que una niña de primaria atrapada bajo el edificio aún podía ser salvada.

“Encontramos una niña aún con vida. Pero salvarla requerirá un gran esfuerzo porque la operación es muy arriesgada” comentó un policía a un reportero de Televisa.

Durante nueve horas, la transmisión en directo de las operaciones cautivó a millones de mexicanos que esperaban un milagro en mitad de la tragedia. La cobertura parecía la de un reality show; cámaras, micrófonos y drones cubrían cada detalle del proceso.

Una profesora confirma que la niña iba a la escuela primaria. Un militar dice que la vio pidiendo agua y moviendo la mano. Otro medio informativo revela que la niña tiene doce años. La presentadora invoca constantemente a la esperanza repitiendo el eslogan “fuerza México” como un mantra.

Frida Sofía (el nombre dado a la niña por los medios) jamás fue hallada. De hecho, ninguna niña con ese nombre había figurado nunca en el registro de la escuela. A las 5 AM Televisa anunció que la operación de rescate había sido suspendida. Los rescatadores civiles fueron apartados del área – y nadie más volvió a mencionar a Frida Sofía en Televisa.

El cínico reality show fabricado para hipnotizar al público y manipular sus emociones fue también un intento de esconder la cada vez más aguda polarización entre sectores organizados de la sociedad civil y un gobierno profundamente impopular.

Ahora, casi dos semanas después del terremoto, el movimiento popular está reflexionando sobre sus funciones y objetivos para los próximos meses. Numerosas asambleas abiertas están celebrándose en todo el país. Con un gobierno tan inconsistente, está claro que una población con una excelente capacidad de auto-organización proporcionará la fundación de lo que vendrá después.


Esta es la primera entrega en una serie de artículos por Alessandro Zagato sobre México. Pueden seguir a Alessandro en Twitter: @ale_zagat